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Recortes del pasado agosto 15, 2008

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por Julio C. Pereyra

Cuando ingresé a la entonces “Escuela Superior de Artes Visuales Martín A. Malharro”, tenía la mochila llena de ilusiones, proyectos y expectativas. El edificio de la calle Funes era la imagen más que clara del futuro que se me presentaba. En mi primer día de clases, desde una rotura en el piso, desapareció uno de los banquitos naranja que aún rondan en escultura.

Mi sangre, entonces joven, captó el llamado de algunos corajudos, para reunirnos a discutir la creación del centro de estudiantes, y luego de perder las mañanas de muchos sábados, mi paciencia me indicó que no quería seguir escuchando los eternos discursos expulsivos de los representantes de los partidos políticos. “Esto no es para mí”, pensé, y dejé de ir.

Luego de varios intentos fallidos por convocar a presentar listas, uno de los chicos de la junta electoral me dijo: “Es la tercera vez que posponemos el llamado, y no se presentó nadie. Hoy termina el último plazo y tenemos que declarar desierta la convocatoria e informar al gobierno de la provincia”.

Mi indignación hizo que en ese momento, fuera curso por curso a preguntar si alguien sabía lo que estaba ocurriendo. No podíamos desperdiciar esa oportunidad, por lo que les pedí que nos reuniéramos en ese mismo momento para discutirlo. Increíblemente todos los cursos acudieron al patio. Expliqué lo que pasaba y pedí que aquellos que estuvieran de acuerdo formáramos una lista esa misma noche. Que no importaba quien presidiera el centro, que lo importante era trabajar todos juntos por la escuela.

Finalmente se hizo una lista de los dispuestos a trabajar. Cuando se postularon los cargos, y llegó el de presidente me nominaron a mí. Agradecí el honor, y pedí que eligieran a otro, porque no me sentía capaz y además no tenía tiempo. Fue entonces que una compañera me increpó: “¿Con todo el revoleo que armaste esta noche, y ahora te negás al cargo?” ¡No tenés derecho!. Y así fue que esa noche, por mayoría de manos levantadas, pasé a ser el presidente del primer Centro de Estudiantes en democracia. El anterior había sido “chupado” por los militares en la misma escuela, hacía no mucho tiempo.

Hoy, con más de medio siglo encima, mi mochila sigue aún con esos sueños, y con muchos otros, como el de crear el Centro de Egresados. Mis alumnos saben que he tenido siempre la intención de ayudar a promover la creación del Centro de Estudiantes. Y luego de contarles hasta quizás aburrirlos, de las cosas que pasamos como Centro, de los logros conseguidos, solo me queda como reflexión una frase muy conocida: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Espero y deseo que quienes forman el nuevo centro, no pierdan su norte. Se mantengan unidos y propongan una actitud integradora, inclusiva, que permita que nuestra institución siga creciendo con todo y con todos. Reconociendo nuestras fortalezas y debilidades y proponiendo alternativas superadoras, para que cuando egresen, sientan el mismo orgullo que siento yo, tanto de aquellos que ayudaron a formarme, como del nombre de nuestra “Malharro”.

Julio C. Pereyra

Mar del Plata, 11 de Agosto de 2008